ECOLUCIONA

Cuando “Libre” no significa Libre

2 comentarios

El pasado 23 de mayo, fue la tercera manifestación mundial anual contra Monsanto y, más en general, contra los OGM. Recuerdo la primera a la que fui, con la que me topé en Filadelfia en 2014. En aquel momento, aunque estaba estudiando un título en Relaciones Internacionales, ya habíamos fundado Ecoluciona y había escuchado el nombre Monsanto escupido como una palabra maldita en varios círculos. Creo que era aun bastante ignorante en cuanto al alcance de Monsanto y de empresas similares, así que decidí descubrirlo el siguiente semestre. Cogí una clase llamada «Las Ecologías Políticas de la Alimentación, la Agricultura y el Capitalismo» y me quedé totalmente sorprendida. Ya sabía que debía tratar de comer alimentos de procedencia local, prestar atención a lo que introducía en mi cuerpo. De hecho, desde que nuestra primera gallina puso un huevo, no he comprado ninguno en tiendas. Pero el sistema alimenticio actual no es nada que yo pudiera haber imaginado nunca. El mero acto de producir alimento está haciendo daño a nuestro medio ambiente. El modo en que consumimos alimentos nos daña tanto a nosotros como a nuestro medio ambiente. Es más, estamos constantemente frente al espectro de los Tratados comerciales internacionales que nos quitan cada vez más nuestro libre albedrío, como ciudadanos del mundo, para cultivar, producir y consumir nuestro propio alimento sano.

Recientemente hice un trabajo de investigación sobre el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y los Estados Unidos, destacando la difícil situación de los productores de arroz en un pueblo pequeño llamado Campoalegre en el departamento Huila de Colombia. Debido al Tratado, se aprobaron una serie de leyes que penalizaban la práctica, con miles de años de antigüedad, de guardar semillas para la próxima cosecha. De hecho, mi interés en este tema y en este proyecto se encendió por el Documental 9.70 de Victoria Solano que ofrecimos en diciembre. En Huila (considerada la capital del arroz de Colombia) los agricultores se encuentran ahora forzados a adquirir costosas semillas modificadas genéticamente (junto con paquetes tecnológicos).  Como resultado de esto, muchos son incapaces de permitirse la agricultura y se ven condenados a la pobreza. En el otro lado, los consumidores colombianos están sujetos a un producto cultivado a partir de semillas que, aunque no están demostradas necesariamente como peligrosas, no han sido demostradas tampoco  como cien por ciento sanas. Y ya sabemos los efectos adversos de los herbicidas y pesticidas.

El Tratado de Libre Comercio, del que se habló como una «oportunidad» para el «crecimiento», tuvo poca consulta pública antes de que el presidente Obama y Santos lo convirtieran en ley. Y así es el caso de los Tratados de Libre Comercio alrededor del mundo, que pasan por encima de la «democracia» a favor de otros jugadores más nefastos. Mientras que el comercio puede ser beneficioso, no debería ser extendido al alimento de ninguna manera, especialmente no en una escala global. Ese alimento convertido en una mercancía global inalcanzable es inaceptable. Hemos cogido algo tan simple y natural y lo hemos convertido en un sistema global, complejo, químico e insano, que está tan lejos de nuestras manos, que parece que no tenemos poder para controlarlo. Pero tenemos poder, de hecho, el aprendizaje sobre los Tratados de Libre Comercio ha reforzado mi determinación de hacer todo lo posible para combatir «la buena batalla», trabajando con Ecoluciona, conociendo otros grupos en Andalucía y continuando con la promoción de las iniciativas locales y la producción de alimento ecológico.

Esctito Por Nedra, Traducida por Ana Ruiz Villalobos

Saturday, May 23rd was the third annual worldwide march against Monsanto and more broadly GMOs. I remember the first one I went to, which I had stumbled upon in Philadelphia in 2014. Back then, though I was studying a degree in International Affairs, had already founded Ecoluciona, and had heard the name Monsanto spit out like a curse-word in various circles, I think I was still pretty ignorant as to the alarming reach of Monsanto and companies like it. So I decided that the following semester I would find out. I took a class called “The Political Ecologies of Food, Farming and Capitalism” and boy was I floored. I had already known that I should try and eat locally sourced foods; pay attention to what I put into my body. In fact I haven’t had a store-bought egg since the day our first chicken had an egg. But the current food system is nothing like I could have ever imagined. The mere act of producing food is doing damage to our environment. The way we consume food does damage to both our environment and us. What’s more, we’re constantly facing the specter of international trade agreements that increasingly take away our agency, as citizens of the world, to grow, produce and consume our own, healthy food.

            I recently did a research paper on the Free Trade Agreement between Colombia and the United States, highlighting the plight of rice farmers in a small town called Campoalegre, in the Huila Department of Colombia. Due to the Agreement a series of laws were passed that criminalized the practice of saving seeds for the next harvest. In fact, my interest in this project and issue was ignited by the 9.70 Documentary by Victoria Solano which we featured back in December. In Huila (considered the rice capitol of Colombia) farmers now find themselves forced to purchase expensive, genetically modified seeds (along with technological packages). As a result of this, many are unable to afford farming and are forced into poverty. On the flipside, Colombian consumers are subject to a product grown from seeds which, though not necessarily proved unsafe, have not been proven one hundred percent safe either. And we already know the adverse effects of herbicides and pesticides.

            The Free Trade Agreement, which was said to be an “opportunity” for “growth,” had little public consultation before Presidents Obama and Santos signed it into law. And so is the case for Free Trade Agreements around the world, bypassing “democracy” in favor of other, more nefarious players. While trade can be beneficial, it should in no way be extended to food, especially not on a global scale. That food has become a global, unreachable commodity is unacceptable. We’ve taken something so simple, so natural, and have turned it into a global, complex, chemical and unhealthy system that is so far out of our hands that it seems we have limited power to control it. But we do have power—if anything, learning about Free Trade Agreements has strengthened my resolve to do all I can to fight the “good fight,” doing work with Ecoluciona, meeting other groups in Andalucía and continuing to promote local initiatives and ecological food production

2 pensamientos en “Cuando “Libre” no significa Libre

  1. excelente articulo. Cuanto mas cerca estamos del agotamiento del petróleo, mas pertinente es la decisión de producir alimentos orgánicos, actividad que es mas limpia rentable y regenerativa de los suelos.

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